Despertar de la comodidad.
Este mensaje nos habla acerca de la trampa de la vida cómoda. ¿Has caído en la trampa de la vida cómoda?
Vivimos en una época que busca la comodidad por sobre todo.
Queremos automóviles más cómodos.
Estamos acostumbrados que ya casi con un dedo movemos el timón, el aire acondicionado y ahora preferimos que hasta manejen solos.
Queremos colchones más cómodos. Ya a cada lado de la cama tienen una temperatura diferente. Puede subirse o bajarse de acuerdo a como quieras sentirte.
Las almohadas ya saben cómo mantenerlas ubicadas para que el cuello no duela por las mañanas.
Buscamos trabajos más cómodos, preferentemente remotos y con poco esfuerzo
Nuestras aplicaciones digitales hacen que todo sea más fácil. Ya cuando uno dice: "Ay, ¿cómo haré esto?", hay una aplicación para eso.
No es ya ni aplicación, hay un agente de inteligencia artificial para eso.
Los controles remotos ya no queremos ni tocarlos, ni irlos a buscar, aunque a veces se complican y termina uno con cuatro controles sin saber para qué.
¿Hay malo algo en la comodidad?
No. Pero tiene el problema de la pereza.
No hay nada malo en que estés más cómodo.
No, no estamos pidiendo eso. Ten comodidad.
Pero el problema surge cuando la comodidad comienza a ocupar el lugar que solo Dios puede tener y se convierte en nuestro Dios.
Queremos estar cómodos, queremos estar bien, queremos estar tranquilos.
La comodidad es buena.
Pero cuando se llega a un punto de prosperidad, con toda la seguridad económica, estabilidad política y una sensación de bienestar, esto ocupa el lugar de Dios. Ahí tenemos un problema.
Todo aquello que toma el lugar que le corresponde a Dios, no es bueno.
Algunas de las iglesias descritas en la Biblia disfrutaban de una comodidad exterior, pero estaban experimentando una profunda decadencia espiritual.
Dios nos concede bendiciones y debemos agradecerlas.
Esta mañana hablaba el maestro de la escuela dominical que debemos recordar todas las bendiciones que Dios nos ha dado.
Recordábamos esta semana al Memorial Day y todo lo que nos habían dado soldados que murieron por ti y por mí en las guerras.
¿Recuerdas lo que Dios ha hecho por ti?
Cuando oras, ¿recuerdas o pides? ¿Qué haces más?
¿Recuerdas con generosidad todo lo que Dios ha hecho por ti? O más bien es: "Señor, gracias por todo lo que me has dado".
El Señor merece nuestra sincera forma de agradecimiento en las oraciones. ¡Debemos recordar!
Los de Israel nos enseña la biblia, tenían seguridad económica, estabilidad política y sensación de bienestar.
Todo parecía funcionar bien, pero esa decadencia espiritual los estaba matando.
Como país los iba a acabar.
Y como personas, tenían su identidad a punto de ser mezclada.
Terminarían despatriados.
Lo que hacía Siria era mezclar los pueblos conquistados.
Pensaban que dentro de ellos había un sentido nacionalista y que este grupo como pueblo siempre iba a causar problemas y los mezclaba con otras poblaciones.
¿Dónde estaba el grupo que mezclaron? En Babilonia.
El profeta Amós fue enviado a Israel.
¿Era Amós un intelectual? No.
Era un granjero, alguien que trabajaba en los campos y fue enviado para despertar a un pueblo que estaba dormido espiritualmente.
Hoy en día hay algunos cristianos que van a la iglesia, que están tan cómodos espiritualmente, que si de pronto se mueve el Espíritu Santo alrededor de ellos, empiezan a decir: "Oye, hay que bajar el aire acondicionado, porque hay mucha brisa".
En vez de estar esperando, qué quiere decirles el Espíritu Santo que hagan en sus vidas.
La comodidad no es siempre una bendición.
Le pedimos al Señor: "Señor, ayúdame en esto, ayúdame en aquello", que ahí siempre es para traer más comodidad a nuestras vidas.
A veces eso no es una bendición. A veces eso es una anestesia espiritual. Y no queremos esa anestesia
Hay tres peligros que Amós identifica en un versículo.
Fíjese cómo le puedes sacar a un versículo tanto significado.
La comodidad puede adormecer el alma.
Si usted va adormeciendo todo en su vida, llega el momento que también el alma se le va adormeciendo y no se da cuenta. ¡Ay de los reposados en Sión!
Pobre de los reposados en Sión! Pobre de esos que están cómodos, de esos que se sienten bien.
La palabra "reposados" no describe un descanso saludable propiamente dicho, que es bueno.
El escritor y pastor Charles Allen, lo escribió: dice que en un episodio de su vida él estaba haciendo de todo en la iglesia, y de pronto, ¡pam!, cayó enfermo y lo internaron en un hospital por varias semanas.
Y dice que él lo veía como algo incongruente esa situación y se preguntó. ¿Por qué Dios permitió esto ahora?
¿Por qué estoy en un hospital que no debo estar si tengo tanto que hacer para Dios?
Y se dio cuenta después de que esas fueron las más grandes bendiciones que tuvo en su vida, porque pudo sanarse y volver a trabajar, porque si seguía al paso que iba, tenía una de dos: o se moría o iba a tener un accidente nervioso (nervous breakdown) de tanta carrera que llevaba en el trabajo.
Así que lo que él vio al principio como algo malo fue una bendición que lo hizo estar sentado un rato, que lo hizo poder tomar tiempo para descansar, que era lo que le hacía falta.
El descanso es necesario. Pero la super comodidad, un descanso que es una falsa sensación de seguridad, no ayuda mucho.
Somos el pueblo escogido. Aunque ya no estamos en Judá, somos parte de ese templo que está allá.
Cuando uno está cómodo, lo que ve es el lujo y los detalles. No se ve lo que está pasando.
Y ellos decían: "Tenemos prosperidad. Somos un reino más fuerte que Judá con todo y que el templo está ahí.
Yo siempre he encontrado esto irónico.
Omri. ¿Conocen ese rey de Israel.
Las escrituras babilónicas hablan de él. El gran rey Omri.
Y sin embargo, ¿cómo lo describen en la Biblia? "Y este rey reinó tantos años e hizo lo malo delante de los ojos de Jehová."
Pero para Dios, ¿qué era? Alguien que hizo lo malo delante de sus ojos.
Y por lo tanto, ¿qué era? Nada.
Ellos creían que nada malo podía ocurrir porque tenían fuerza, tenían poder, tenían tradición. Pero su confianza ya no estaba en Dios, estaba en sus circunstancias.
Cuando las circunstancias están muy malas, no temas mucho si tienes a Dios.
Y cuando las circunstancias están muy buenas, no te confíes mucho si te has alejado de Dios. Manténte firme en Él.
La prosperidad produce descuido.
Cuando enfrentamos dificultades, oramos más, nos acercamos más a Dios, nos aferramos más a Él y seguimos más sus caminos.
Cuando todo va bien, no abrimos la Biblia, no dependemos de Dios.
Cuando todo marcha bien, comenzamos a depender de ¿quién? De nosotros mismos, de nuestro dinero.
Moisés había advertido de este problema al pueblo antes de ir: "No sea que comas y te sacies, y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová", dice Deuteronomio 8, ¿verdad?
Una vez alguien comentó: "Cuando no tenía trabajo, oraba una hora diaria.
Ahora que tengo éxito, apenas tengo tiempo para orar cinco minutos". ¿Qué triste!
Cuando necesitaba a Dios, estaba dispuesto a orar: "Ahora ya tengo tanto y no puedo más".
Señor, gracias por lo que me diste. Esa es mi oración.
Lo que antes me demoraba una hora, ahora lo hago en cinco minutos.
¿Por qué? Porque ya no tengo esa necesidad tan extrema que me fuerza a buscar a Dios.
Pero Dios quiere que le busquemos, en las buenas y en las malas.
Igual que cuando prometemos delante de Dios en una boda que vamos a estar ahí en las buenas y en las malas, lo mismo hacemos a Dios cuando nos entregamos.
¿Estamos en las buenas y en las malas?
A veces las buenas son más difíciles para estar con Dios que las mismas malas.
El éxito se ve como una bendición cuando en realidad, para un hombre como ese, se había convertido en una barrera para su comunión con Dios.
No pongas barreras a tu comunión con Dios.
Deja que Dios esté en tu vida.
¿Estás buscando a Dios con la misma intensidad que antes?
Yo sé que algunos dirán: "¿De qué comodidad estás hablando, hombre?".
Pero comparados con el 90-95% de los seres humanos hoy en día, aquí estamos cómodos.
Tenemos aunque sea un mendrugo de pan para comer, tenemos un techo casi siempre sobre nuestra cabeza. No tenemos drones, por lo menos hasta ahora.
Han sido vidas en gran parte privilegiadas. Tenemos ropa que vestir.
El Señor nos manda a despertar espiritualmente.
No es difícil detectar cuando un alma se está adormeciendo.
Las oraciones van a disminuir. Alguien que oraba fervientemente, ahora lo vamos a ver orando muy cortas y paupérrimas oraciones.
El hambre por la palabra disminuye. ¡Ay, estoy descansado!
La pasión por las cosas eternas disminuye.
Si estás viendo que antes te interesaban las conversaciones que tenían que ver con algo de la palabra del Señor, y ahora estas apático
Poco a poco compensamos nuestra forma de estar no buscando a Dios y nos conformarnos. Eso es un peligro.
No solo es un peligro que la comodidad pueda adormecer el alma, sino que ignorar la necesidad espiritual es peligroso.
Israel vivía como si todo estuviera bien, pero Dios veía un panorama totalmente diferente.
Acuérdense que Judá duró como 100 años más que Israel, a pesar de que Israel era mucho más fuerte después que se dividen las tribus. ¿Y por qué?
Porque Judá tuvo al menos cuatro reyes que hicieron el bien a los ojos de Jehová.
¿Cuántos tuvo Israel? Ninguno. Por eso duraron 100 años menos como país.
Había idolatría, injusticia, orgullo, indiferencia espiritual. La nación estaba enferma, pero se negaba a reconocerlo.
El peligro de la falsa tranquilidad es que cuando usted va a un médico y una enfermedad no produce síntomas visibles al principio, ¿qué ocurre? Eso es un peligro grave.
En el fondo es bueno tener síntomas. ¿Por qué?
Por quitarse algo para ver qué es lo que está pasando. Por qué me duele aquí.
Pero si no tienes ningún síntoma, vas y dices al médico: "No, yo no siento nada, todo está bien".
"Ah, ok, qué bueno". Y a lo mejor esa enfermedad no te está dando ningún síntoma y es lo más peligroso
Y así sucede espiritualmente. Hay personas a quienes se les pregunta "¿Espiritualmente estás bien?".
"Claro que sí, voy a la iglesia todos los domingos. Tengo hasta un ministerio, mira, hago esto".
Sí. Y mantenemos ciertas apariencias, pero aún así podemos estar alejándonos del Señor.
Tenemos que estar seguros de que nos estamos manteniendo, no solo luciendo la parte de un buen cristiano.
El Señor lee los corazones, no le podemos engañar.
"Oye, estamos ahí, estamos haciendo esto y aquello". ¿De verdad estás haciendo todo eso?
¿De verdad estás?en el Señor.
Un barco puede verse hermosísimo desde afuera. El Titanic se veía lindísimo.
Aún antes de hundirse estaba ahí. Y si alguien pasaba en un avión por arriba, hubiera visto un barco que lucía lo más bello hasta con personas tocando música.
Pero, ¿qué pasaba? La pintura luciría impecable.
Los pasajeros pensaban que estaban seguros, pero se ven las grietas así de pequeñas por donde está debajo de la línea del agua.
¿Qué ocurre entonces? Se llenan y se hunden.
La ignorancia de la necesidad espiritual es peligrosa.
Israel estaba concentrado en la apariencia exterior e ignoraba la condición del corazón.
Muchos creyentes evalúan su vida espiritual preguntando: "Voy a la iglesia, leo de vez en cuando la Biblia, no me meto en problemas como esa gente del mundo".
La verdadera pregunta es: ¿Estoy creciendo en mi amor en Cristo?
¿Hay evidencia de transformación en mí?
Si alguien que me conocía hace cinco años atrás me ve ahora y me observa, va a decir: ¡Oye, ha cambiado!
Pero cambiar para mejor.
Muchos cambian, pero no es para mejor.
Pero, ¿he cambiado para mejor? ¿Mi corazón está más cerca del Señor hoy que hace un año atrás?
Todas esas son las preguntas que debiéramos estar haciendo. Porque
Dios nos llama a despertar.
El profeta Amos no fue enviado simplemente para denunciar.
Fue enviado para llamar al arrepentimiento.
Dios siempre confronta porque ama.
Su propósito no es destruir, es restaurar. El despertar comienza con honestidad.
¿Eres honesto contigo mismo?
Hay muchos que somos expertos en mentirnos.
Nos convencemos a nosotros mismos: "No, estás tan mal". Mira, hay personas que son peores.
Hay personas que dicen: "Mira, esos lo que están haciendo. Tú no haces nada de eso.
Tú eres buena gente". ¿Has oído esas palabras en?
Muchas veces nos convencemos así de que somos buenos.
El hijo pródigo cambió.
¿Por qué?
Porque reconoció su condición. Se dio cuenta de lo que había hecho.
La restauración de él comenzó cuando dejó de justificarse. Lo mismo ocurre con nosotros.
Mientras neguemos nuestra condición espiritual, no habrá renovación. Hay que priorizar lo eterno.
La comodidad nos hace enfocarnos en lo temporal. Dios nos llama a levantar la vista.
Jesús dijo: "Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia".
La pregunta no es: ¿Qué tan cómoda es mi vida?
La pregunta es: ¿Qué tan útil es mi vida para el Reino de Dios?
¿En qué me puede usar el Señor para su mayor honra y gloria, y para traer más almas a los pies de Cristo Jesús, para redención y salvación?
¿Podemos responder eso?
Amós era una alarma espiritual. Claro que era molesto para el pueblo de Israel.
Dios lo había hecho profeta.
Puso a Israel como humillación a un granjero para que les profetizara.
Y pasó. ¿Por qué?
Dios nos usa tal como somos.
Dios llama, había llamado a Amós a ser un reloj despertador de Israel.
Dios va a usar su palabra para despertarnos de nuestra comodidad.
Por eso el enemigo no quiere que leamos la palabra. Y no dude;
¿De verdad tienes deseos de leer la biblia ahora, después de un día de trabajo tan fuerte, ponerte a leer ahí Amós?".
Así se sentirían ellos, ¿verdad?
El Señor nos llama. El Señor es alguien que usa esos relojes despertadores para incitarnos a cambiar.
¿Estás espiritualmente despierto? ¿De verdad estás despierto espiritualmente?
Hay personas que están tan dormidas que se creen que están despiertas.
A veces estamos tan dormidos que no sabemos ni que estamos dormidos.
¿Estás bien dormido o estás despierto?
¿Hay áreas donde te has acomodado, has sustituido la pasión por Cristo por la comodidad religiosa?
Israel se sintió tan cómodo que dejó de depender de Dios.
Y cuando la dependencia desapareció, comenzó la decadencia espiritual.
El Evangelio nos llama a algo mucho mayor.
Cristo no vino para hacernos cómodos,
Él vino para transformarnos.
Él vino y murió en una cruz, pero no fue para que nosotros tuviéramos una vida agradable.
Él murió y resucitó para reconciliarnos con Dios y hacernos discípulos que vivan para su gloria.
Por eso debemos preguntarnos hoy:
¿Estoy descansando en Cristo o simplemente descansando en mi comodidad?
¿Estoy creciendo espiritualmente o manteniendo una rutina religiosa para engañarme a mí mismo?
¿Estoy despierto para las cosas de Dios o me he adormecido?
Que el Señor nos libre de la trampa de una vida cómoda y nos conceda corazones sensibles, dependientes y apasionados por Cristo Jesús.

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