
La mujer que ora camina entre tempestades,
pero su alma habita en calma.
Sus manos se alzan al cielo
como alas que confían en el viento de Dios.
En su voz hay susurros de esperanza,
en sus lágrimas, jardines de fe.
No busca ser vista,
porque sabe que el Padre la contempla en secreto.
Y cuando el mundo calla,
su oración sigue cantando,
porque su fuerza nace
del corazón que se inclina ante el Eterno.
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“El Señor está cerca de los que le invocan,
de los que le invocan de veras.” Salmo 145:18
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