Tuvimos el inmenso gozo de celebrar el Día de la Hispanidad, y lo hicimos de la manera más hermosa posible: vistiendo los colores y saboreando la esencia de las naciones que componen nuestra gran familia hispanoamericana.
Fue un día en el que el mandato de la unidad en Cristo tomó forma, color y sabor.
Un recordatorio palpable de que, aunque nuestro origen tenga diferentes nombres nuestro destino en el Señor es el mismo.
Al entrar a nuestra area de recepcion, la vista era un verdadero regalo para el corazón. No era un domingo cualquiera.
Los trajes típicos de nuestros países llenaban el espacio de una belleza desbordante.
Cada vestuario era más que una prenda; era una historia, un legado, un susurro de la tierra que nos vio nacer.
Pero la celebración no se quedó solo en lo visual. Después del servicio, compartimos una fiesta de sabores que fue un verdadero viaje culinario.
Las mesas se abarrotaron de platos que hablaban de hogar: desde las ricas arepas colombianas, hasta los sabrosos tacos mexicanos, pasando por los deliciosos tamales y comida caribeña.
Cada bocado era una conversación, un recuerdo compartido y una nueva forma de decir "te invito a conocer mi cultura".
Más Allá de la Fiesta: Una Reflexión en la Fe Celebrar el Día de la Hispanidad en la iglesia nos da una oportunidad única para reflexionar.
No se trata solo de conmemorar una fecha histórica, sino de agradecer a Dios por la diversidad que Él mismo creó.
En el libro de Apocalipsis, Juan ve una gran multitud, "de todas naciones, tribus, pueblos y lenguas" delante del trono de Dios (Apocalipsis 7:9).
Lo que vivimos el domingo fue un pequeño anticipo de esa visión celestial. Fue un recordatorio de que: Nuestra identidad cultural es un don de Dios.
Él nos puso en familias y naciones específicas, y podemos usar esas raíces para glorificarle.
La Iglesia es universal. Cristo rompe todas las barreras y en Él, las diferencias no nos dividen, sino que nos enriquecen.
El evangelio se viste de cada cultura. Lleva el mismo mensaje de salvación, pero se expresa con la música, la pasión y la calidez propia de nuestro pueblo.
Gratitud y Mirada al Futuro. Queremos extender nuestro más sincero agradecimiento a cada persona que se esforzó por hacer de este día algo tan especial.
A quienes vistieron sus trajes con orgullo, a quienes cocinaron con amor, a quienes decoraron, sirvieron y, sobre todo, a quienes vinieron con un corazón abierto para abrazar y ser abrazados.
Que esta celebración no sea un evento aislado, sino un impulso para seguir construyendo una comunidad donde cada persona, sin importar su país de origen, se sienta verdaderamente en casa, porque juntos formamos la casa de Dios.
Sigamos adelante, celebrando la unidad en nuestra diversidad, y llevando en alto la herencia hispana como un instrumento más para extender el reino de los cielos.¡Que viva la hermandad en Cristo! ¡Que viva la Hispanidad!


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